Hacer, después hablar

מֹר מְעַט וַעֲשֵׂה הַרְבֵּה
“haz de decir poco y hacer mucho”
Pirkei Avot 1:15

Esta semana comenzamos la lectura del último de los cinco libros de la Tora, Sefer Devarim, en hebreo “palabras”. Comienza diciendo “Estas son las palabras que habló Moshé al Pueblo de Israel…”.
Y a lo largo de todo el Sefer, lo que vamos a escuchar es una serie de discursos, plenos de enseñanzas y poesía, que dedicó el gran líder a su pueblo a modo de despedida. Y que, como el nombre del libro lo indica, está pleno de palabras.

Y miren que curioso ¿acaso no nos había dicho la Tora, al principio del libro de Shemot, que Moshe era un hombre “pesado de lengua”, incluso tartamudo según algunos comentaristas?
Sin dudas Moshé era una persona insegura: “¿Y quién soy yo para sacar a los israelitas de Egipto?” dice Shemot 3:11.
Y además le costaba hablar, de hecho cuando Ds le propone la empresa de liberar al pueblo de Israel, Moshe le dice “Por favor Ds, no soy hombre de palabras… desde siempre tengo dificultad de hablar”, “por favor envía a otro”. Entonces Ds decide poner a Aharon como interlocutor con el Faraón.

Entonces podríamos preguntarnos ¿qué fue lo que pasó con aquel Moshé del libro de Exodo, “pesado de lengua”, que se transformó en el Moshe del final de la Torá, ese que no para de hablar?
¿Cómo fue que aquel hombre tartamudo del inicio se convirtió en el paradigma de nuestro gran líder?

Quizás podemos encontrar parte de la respuesta en los 40 años de su liderazgo a cargo del Pueblo de Israel. Moshe dedicó casi su vida entera a liderar a su pueblo. Recién al final de sus días se dedicó a hablar.
Estamos acostumbrados a la gente que primero habla y luego hace. Y aquí viene nuestra parashá a enseñar que una de las claves del liderazgo es lo inverso, primero hacer y luego hablar. O hacer más de lo que uno dice. Y que no debemos juzgar a las personas necesariamente por lo que dicen sino principalmente por lo que hacen.

El sabio Shamai lo enseñó hace miles de años, y quedó plasmado en el Pirkei Avot: hacer mucho y decir poco. Y que a veces no hay nada más inteligente que el silencio cuando uno no tiene lo que decir.

Antes de hablar y llenarnos la boca de palabras y de promesas, el verdadero desafío radica en transformar realidades, para hacer que nuestras manos sean las del Creador, para transformar nuestro mundo en el mejor de los mundos.

Con cariño y afecto.
Shabat Shalom.
Fernando Lapiduz.
Congregación Masorti Bet-El, Madrid, España.

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