Gratitud

Estamos en Parashat Bo. En esta porción se termina de completar el ciclo de diez plagas que cayeron sobre Egipto, forzando al Faraón a dejar ir, o a expulsar de su presencia, al Pueblo de Israel.

Cuenta el Midrash Shemot Rabá, que de las diez plagas que Ds envió a Egipto, siete de ellas fueron realizadas por intermedio de Moshe. Sin embargo, las tres primeras (sangre, ranas y piojos), fueron lanzadas por intermedio de Aharon, el hermano de Moshe. 

El Maharal de Praga (siglo 16) explica esto en su maravilloso comentario a Rashi llamado Gur Arie de la siguiente manera: Moshe no participó en estas tres plagas porque hacerlo hubiera contravenido el principio de gratitud. Aquí la Torá desea enseñar cuan importante es la gratitud, ya que tanto el río como la tierra de Egipto eran meramente objetos de la naturaleza, y por lo tanto, no ayudaron voluntariamente a Moshe. Pero aún así Ds no quiso que Moshe los utilizara como instrumentos de castigo sobre el Faraón y los egipcios para generar las plagas.

El agua del Nilo es el agua que sostuvo a Moshe cuando su madre lo puso en una canasta, para ser luego salvado por la hija del Faraón.

La tierra fue aquella que le permitió a Moshe enterrar el cuerpo del egipcio que estaba pegándole al israelita, allí al principio del Libro de Shemot, y gracias a lo cual pudo escapar de su crimen de defensa y ponerse a resguardo, para convertirse luego en el gran líder que resultó ser.

¡Cuánto que tenemos que aprender del mensaje de la Torá! 

No ser desagradecidos.

El primer gran error del primer hombre, Adam Harishon, fue ser desagradecido. “Yo no pequé! Sabes quién me hizo pecar? La mujer que tu me diste (Ds). Fue ella!”

El Pueblo de Israel, Am ha Yehudí, proviene de la tribu de Yehudá, cuya raíz en Hebreo proviene de Lehodot, agradecer.

La primer palabra que pronunciamos en el día al despertarnos es “Modé ani Lefaneja”, “Gracias Ds”, “Reconozco, entiendo, que todo proviene del Creador”.

Algo que es tan básico, tan sencillo de entender y enseñar (a nuestro hijos, por ejemplo), es olvidado rápidamente en el trajín cotidiano.

Y entonces la Torá viene nuevamente y nos enseña (nos recuerda!) a no ser desagradecidos, no solamente con nuestro prójimo, sino también, y especialmente, con Ds. Ni con nada en el mundo. Todo lo que no nos traiga un mal, no importa si es del mundo vegetal, animal, humano o del mundo mineral, debemos mirarlo con buenos ojos y agradecerlo. 

Y con cuanta más razón debemos agradecer y reconocer aquello que nos trae un bien.

Con cariño y afecto.

Shabat Shalom.
Fernando Lapiduz.
Referente Rabínico, Congregación Masorti Bet-El, Madrid.

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