Alejarse de Egipto

La porción de la Torá que leemos esta semana nos cuenta acerca de las plagas que Ds trajo sobre Egipto. Siete plagas son enumeradas en nuestra parashá, finalizando con la plaga del “barad“, la plaga del granizo.

De niños en la escuela aprendimos que la lluvia se crea por los vapores que suben desde la tierra, formando nubes en el cielo, que este después nos devuelve en forma de gotas de lluvia, las cuales riegan y abastecen a la tierra. Esto me recuerda la máxima espiritual que dice que nuestros esfuerzos rezando, estudiando, realizando Mitzvot y obras de bien aquí “abajo” generan un estímulo, el cual se eleva y provoca una devolución en lo alto hacia nosotros, que se traduce en un mar de bendiciones desde el Cielo.

Pero también sabemos que solamente con la lluvia no es suficiente, necesitamos preparar y labrar la tierra para que esté preparada para recibir esas lluvias de bendición y así que pueda dar el fruto anhelado.
Espiritualmente hablando, cada uno de nosotros debemos saber que no es suficiente con elevar nuestros “vapores”, nuestros sentimientos, nuestra plegaria, nuestras obras virtuosas hacia el Cielo, sin antes preparar nuestro corazón para sacar de su interior toda cualidad negativa de orgullo y vanidad, en preparación para que las palabras de la Torá puedan entrar dentro nuestro y hacer su efecto.

Esa es la ciencia de la tierra que es regada por la lluvia, en casi todos los lugares… menos en Egipto. En Egipto era diferente, la conexión con el Cielo era distinta. En Egipto no era una tierra regada por las lluvias que bajaban desde el cielo, sino que era una tierra regada por el desborde del río Nilo, que formaba parte de su geografía. El foco estaba en el Nilo.
A veces nos comportamos como un Egipto, que no reconoce la bendición que viene de arriba, creyendo falsamente que todo se genera desde abajo. Que no hace falta preparar la tierra, que desde aquí nosotros generamos todas nuestras fuentes de bendiciones. Si tenemos el “Nilo”, para que necesitamos del Cielo?

Que podamos todos y cada uno alejar a ese “Egipto” egoísta y autosuficiente, y seamos capaces de desarrollar nuestra habilidad de agradecimiento y reconocimiento profundo al Creador de todas nuestras bendiciones.
Con cariño y afecto.

Shabat Shalom.
Fernando Lapiduz.
Referente Rabínico, Congregación Masorti Bet-El, Madrid.

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