La vida vivida con intensidad

 

וַיִּהְיוּ חַיֵּי שָׂרָה מֵאָה שָׁנָה וְעֶשְׂרִים שָׁנָה וְשֶׁבַע שָׁנִים שְׁנֵי חַיֵּי שָׂרָה׃

“Fueron los años de las vidas de Sara de cien años y veinte años y siete años, los años de vida de Sara”.

Con estas palabras comienza la porción de esta semana en el capítulo 23 de Bereshit. Y continúa:

וַתָּמָת שָׂרָה בְּקִרְיַת אַרְבַּע הִוא חֶבְרוֹן בְּאֶרֶץ כְּנָעַן וַיָּבֹא אַבְרָהָם לִסְפֹּד לְשָׂרָה וְלִבְכֹּתָהּ׃

“Sara murió en Kiriat Arba, que es Jevron, en Kenaan, y Abraham vino para hacer duelo por Sara y llorarla”.

Es curioso que el texto que nos presenta el tema de la muerte de Sara, nuestra primera Matriarca, comience hablándonos de la vida de ella de una manera muy particular, describiendo los años vividos en tres partes. En lugar de decir que vivió 127 años nos dice “100 años, 20 años y 7 años”.

Mucho se escribió al respecto para tratar de dilucidar lo que la Torá nos quiere decir a través de su manera de expresarse.

De acuerdo a Rashi, Sara a sus cien años había cometido tantos pecados como cuando tenia veinte (es decir, una larga vida sin transgresiones). Y agrega que a los veinte era tan bella como a los siete. Los comentaristas tradicionales coinciden en que Sara tuvo la capacidad de disfrutar cada momento de una forma muy especial. Cada tiempo fue aprovechado intensamente. Vivió todas y cada una de sus etapas sin contradicciones y en armonía, sin saltear sus primeros siete años de inocencia, ni sus veinte de juventud, como así tampoco sus cien años de conocimiento y sabiduría que devienen de una vida completa.

Esta mañana, mientras acompañábamos a nuestra hija de 7 años a la escuela, nos dijo: “¿Saben lo que me gusta de los cumpleaños? Que me encuentro con mis amigas, hay regalos, hay dulces, sorpresas y nos divertimos mucho. ¿Y saben que es lo que no me gusta de los cumpleaños? Que crecemos y un día nos vamos a morir”.

Durante los pocos minutos que duró el viaje hablamos sobre la importancia de la intención que debemos poner al vivir los años de nuestra vida, independientemente de la duración. Por supuesto que será un tema que deberemos seguir profundizando de hoy en adelante con ella, sin embargo, inmediatamente se me vino a la cabeza la Parashá de esta semana.

Sara tuvo la hermosa habilidad y capacidad de santificar cada momento de su vida. Por eso ella es considerada como unos de nuestros Tzadikim (Justos). La Torá nos llama también a cada uno de nosotros a ser Tzadikim, Justos, a ser “santos”. Este es un enorme desafío. ¿Cómo lograr una vida de “santidad”?

Una de las maneras de interpretar el llamado de la Torá es tratando de imitar los atributos Divinos, sabiendo que nosotros no nacemos Tzadikim, o “santos”, entrenarnos en determinados aspectos sabiendo de antemano que fuimos creados “a imagen y semejanza de Ds”. Es decir, tenemos “madera” para ser mejores que lo que somos, solo de nosotros depende lograrlo.

Entrenar la empatía, la generosidad, la amabilidad, la escucha activa, son los primeros pasos, de una larga lista, para hacer crecer nuestro interior, mejorar nuestro vínculo con nuestro Ser, luego con el de nuestros semejantes, con nuestro entorno, y ser testigos, poco a poco, de como va mejorando todo a nuestro paso a medida que nosotros, poco a poco vamos mejorando. Es un entrenamiento constante para llegar a imitar los “atributos Divinos” con los que fuimos creados, y que año tras año, con el paso natural del tiempo, se van velando (si no los practicamos con conciencia y persistencia).

Esta sería una manera maravillosa de vivir intensamente nuestra vida, un excelente ejemplo para nuestros seres queridos, dejando una huella a nuestro paso, sabiéndonos participes del mejoramiento de este mundo tan imperfecto, al que tanta falta le hace nuestra impronta positiva y constructiva.

No pasa desapercibido que la edad en que muere Sara aparezca en la Tora. El número 127 muestra que Sara fue recordada para bien por muchas generaciones. Sus actos dejaron enseñanzas para nuestras vidas hasta hoy en día.

Shabat Shalom.

Con cariño y afecto.

Fernando Lapiduz.
Referente Rabínico de la Congregación Masortí Bet-El, Madrid.